Seguridad ante todo

February 13, 2019

 Es reconfortante observar que ya casi no se ven esquiadores y snowboarders sin casco. Sin importar el nivel sobre las tablas o el lugar del centro de esquí en el que te encuentres, USÁ CASCO SIEMPRE.
 

Las excusas de la incomodidad, de la “poca onda” de las protecciones o de lo innecesario de su utilización “porque esquío hace años y no me caigo”, ya son parte de un pasado que deja muy expuesto a quien esgrime esos argumentos a la hora de salir a andar.
 

Por suerte, ya NO es cool, quien no usa casco.
Bien, una vez que hemos comprendido que el casco no es un simple complemento estético, al igual que ocurre con las antiparras o con cualquier otro elemento de seguridad para la práctica de deportes blancos, podemos centrarnos en cuestiones más específicas. Por ejemplo, si es lo mismo un casco de esquiador o de snowboarder? Y la respuesta es NO.

 A la hora de elegir casco de snowboard debemos tener presente esa precaución importante ya que no siempre se distinguen bien en los rentals o las casas de venta. Por un lado, podemos encontrar cascos rígidos fabricados con un material  muy duro que casi no tiene espumilla dentro. Este tipo de cascos suelen ser usados, en su versión de gama más baja, por esquiadores y niños. Este tipo de casco no es recomendado para el snowboard
 

Por otro lado encontramos cascos con materiales blandos en zonas específicas que tienen contacto con el cuerpo como las orejas y la nuca. Estos sí son los cascos adecuados para “los "patinetas” debido a que la velocidad y los saltos causan más vibraciones que en el esquí y un casco demasiado rígido, puede causar lesiones importantes en zonas sensibles como el cuello y las cervicales.
 

 

La parte externa de los cascos de snow suele estar hecha generalmente de un material denominado acrilonitrilo butadieno estireno (difícil no?), conocido por sus siglas en inglés ABS (gracias!). Se trata de un termoplástico, es decir, un plástico que se deforma con el calor volviéndose maleable, muy resistente y flexible. Así se inyecta en moldes específicos para crear la capa externa de la protección. Este material ofrece también una gran ligereza, es muy liviano, lo que resulta imprescindible para un deporte como el snow en el cual se pasan muchas horas en la pista y en el que el cuello sufre numerosas vibraciones. Nuestro casco no puede ser pesado porque nos podría hacer daño. Un casco de moto, por ejemplo, es muchísimo más pesado y eso se debe a que están destinados a usos sobre superficies diferentes, en tiempos diferentes y, ante todo, a velocidades diferentes. 

 

 La parte interna y blanda de los cascos para snowboard se fabrica con espuma de poliestireno expandido de alta densidad, material que ofrece una gran capacidad de absorber impactos, aunque no es muy resistente. Con el paso del tiempo, la llamada espumilla tiende a degradarse, es decir, a adelgazarse y las celdillas que la componen se deforman perdiendo el aire necesario para absorber los golpes.
 

La conclusión entonces es que nuestro casco de snowboard, por mucho que lo cuidemos, lamentablemente no es para siempre. Tenga o no tenga uso. La vida promedio de un casco de alta calidad es de más o menos unos cinco años.

 

No te arriesgues, recordá que lo que ahorras en precio lo perdés en seguridad y tu salud verdaderamente no tiene precio.
 

TODOS A LA NIEVE, CON CASCO

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